martes, 8 de octubre de 2013

La educación: un derecho y un deber del cortesano. La entrada en la corte.

LA EDUCACIÓN: UN DERECHO Y UN DEBER DEL CORTESANO
LA ENTRADA EN LA CORTE

La costumbre de criar a jóvenes de la nobleza en la casa regia se extiende por todo el Occidente medieval. Proporciona una doble red de vínculos vasalláticos y de parentesco ficticio, de carácter paterno-filial. Al mismo tiempo, rodea el aprendizaje de príncipes e infantes de un círculo de sociabilidad, similar, en sus líneas básicas, al de los núcleos escolares monásticos y urbanos.

En los reinos de Castilla y León esta práctica se encuentra documentada desde el siglo XI, en los servicios prestados por el Cid al heredero de Fernando I, al menos a partir de los catorce años. Fue continuada y desarrollada durante los reinados de Alfonso VI y Alfonso VII, reproduciéndose entonces entre los diversos círculos de la nobleza. A tenor de la trayectoria de algunos de estos criados, el sistema posibilitaba la cooptación futura de miembros del séquito militar y de cargos de la Casa regia, como lo indica el nombramiento posterior de uno de los educados por Alfonso VI, Pero Froilaz de Traba, para ser el ayo de su homónimo nietos. Dos centurias después, don Juan Manuel manifestaría que la crianza por un señor constituye el origen de honras y riquezas, además del desempeño de cargos en la Casa de éste, dejando traslucir que se trata de una situación común a la corte regia . A finales del medievo, el perfeccionamiento de la administración real y señorial, la diversificación de los oficios domésticos y el crecimiento de las clientelas explica la existencia de servidores por un número determinado de años al Iado de los vitalicios o de los surgidos de las familias de criados. Sin embargo, las bases de su relación con el rey o el noble siguen siendo, esencialmente, las mismas, ya que, por línea general, los miembros de estos dos últimos grupos son los destinatarios de mercedes, donaciones y legados testamentarios, así como de algunos de los oficios de mayor entidad .

Ahora bien ¿cuáles son los criterios que determinan la entrada en la corte? La suma de crónicas reales y particulares, nobiliarios, tratados doctrinales y documentación diplomática permiten delimitar los siguientes supuestos:

En los textos literarios y biográficos se presta mucha atención al sector de los hijos de criados, que podrían provenir, a su vez, de descendientes o consanguíneos de integrantes del séquito personal del rey. Puede establecerse así una cadena de vínculos durante varias generaciones, que se encuentran ejemplificados en los que mantuvieron Pero Niño, su padre y su abuelo y los hijos del protagonista de El Victorial con Pedro I y los soberanos de la dinastía Trastamara .

Los primogénitos de los grandes magnates son mencionados, especialmente, a propósito de las luchas políticas del siglo XV. En efecto, en el reinado de Juan II los vínculos establecidos entre el soberano y sus criados que dormían en la cámara regia hace que la aristocracia reivindique, a nivel individual, esta situación como un privilegio para sus herederos. Pero, al mismo tiempo, los bandos políticos intentan que en estas estancias no tengan un carácter indefinido, con el fin de evitar futuras privanzas que repitieran la de don Álvaro de Luna .

Estos procedimientos de entrada en la corte, basados en el prestigio y poder paterno y en los servicios anteriores de éste a la Corona, se amplían a la intervención de un pariente noble o prelado, casi siempre un tío, o de un señor afecto al monarca, que introduce a criados de su Casa durante sus estancias en la Corte . Unos y otros operan como figura paterna que, para una etapa educativa superior del muchacho, apela a la colaboración del soberano como una especie de consanguíneo superior por su prestigio y autoridad, aunque esté fuera de los lazos de parentesco reales y de los ficticios del círculo familiar inmediato.

Con toda probabilidad, se agregan al servicio regio los hijos de los que habían caído en las grandes acciones bélicas, a consecuencia de su actuación sobresaliente. En la década de 1470, Lope García de Salazar data esta especie de premio de la monarquía, otorgado a la descendencia, en el reinado de Alfonso VIl, y como secuela de la batalla de Alarcos, pero no hay motivos para suponer que esta pauta de conducta no hubiera pervivido hasta la época contemporánea al escritor .

No existen, apenas, datos sobre la estancia en el palacio de doncellas nobles concretas y únicamente cabe deducir de los escasos ejemplos que se trataba de descendientes y colaterales de los anteriores o de antiguas criadas .

A juzgar por su dedicación futura, los mozos de capilla participaban del universo familiar y mental de los clérigos, bachilleres y oficiales en mucha mayor medida que el de los guerreros hidalgos. Sin embargo, algunos estaban emparentados con estos últimos, pues entre los adscritos a la Casa de la reina Isabel I se encontraba un hijo del comendador Durán, y Francisco de Bobadilla, hijo de los marqueses de Moya, pudo haber comenzado por ese oficio antes de llegar a ser capellán de la misma Casa. Al igual que los niños de coro de las catedrales, estaban destinados desde el principio a la carrera eclesiástica y, dentro de esa orientación general, eran elegidos por sus voces, pues, como declara el monarca lusitano don Duarte a propósito del personal de su capilla, deben ser "de boa disposiçao em uozes e entender e sotileza e de bom asesego porque taes como estes som de Razom e uem a ser bons clerigos e bons cantores". De hecho, de los 64 mozos de capilla de la citada reina se puede seguir la trayectoria de 12, de los cuales 8 vuelven a ser asentados como capellanes en el transcurso de tres a siete años, uno pasa al clero regular y otro al estudio .

¿En qué fase de la vida comienza la vinculación a reyes y señores ? Las diferentes fuentes no proporcionan una edad uniforme y únicamente se pueden entrever algunos hitos cronológicos que, con toda probabilidad se estiman como lógicos y deseables, dependiendo de circunstancias familiares y también de los presuntos contenidos educativos y su finalidad.

Resulta sorprendente que para don Pero Niño se fije este momento inicial en una edad tan temprana como el año y medio. No se corresponde con otros testimonios castellanos del siglo XV, aunque sí con algunos portugueses . Con respecto al héroe biografiado en El Victorial, puede explicarse esta crianza tan precoz por la elección de su madre como ama del príncipe heredero, que la obliga a desplazarse a la residencia regia. La necesidad de Inés Lasa de compatibilizar el amamantamiento con los cuidados que toda madre debía prestar a su hijo, al menos hasta los siete años, impondrían esta solución .

Algunos testimonios del siglo XV sitúan la entrada en la corte de los jóvenes miembros de la nobleza a los 10 años. Pero es probable que en ellos pese tanto o más que las prácticas habituales la visión de esa edad como la aconsejable para comenzar con una cierta profundidad un aprendizaje de carácter guerrero: Lope García de Salazar data entonces el inicio de la crianza del Cid por Fernando I, a pesar de la falta de datos claros, que hacen que, como ya se ha apuntado, ni siquiera las últimas investigaciones puedan precisar más allá de los catorce años como tope final 20. Por otra parte, el cumplir la decena marca un momento intermedio entre el principio de la mocedad, en torno a los 7 años, que es cuando empiezan a impartirse los primeros contenidos de la formación y la instrucción, y el paso a mancebo, de los 14 a 16, a partir del cual se completa la adquisición de saberes necesarios para la posterior trayectoria vital 21. Es más, en el ámbito artesanal castellano de fines del medievo, los aprendices solían integrarse en los talleres entre los 10 y los 14años 22. En el fondo, es la misma idea que preside la intención de don Álvaro de Luna de presentar al rey a su hijo don Juan para que se iniciase en el arte militar, que completaría cuando fuese mancebo, para lo cual le hace acompañar de una gran exhibición de poder clientelar, consistente en niños nobles de toda la escala nobiliar, desde hijos de hidalgos a magnates .

Por regla general, la introducción de los que no son hijos de criados es bastante más tardía, en su etapa de mancebo y, más concretamente entre los 15 y 18 años, a tenor de los datos conocidos para Alonso Pérez de Vivero, en el servicio de don Álvaro de Luna y del mismo condestable de Juan II en la corte regia: el primero se vincula a su señor a los 15 años y el segundo a los 18, según la crónica del reinado, aunque la suya particular trate de dar una imagen de precocidad, de acuerdo con su tono laudatorio .

En estos casos se contaba con una etapa de formación previa que corría a cargo, en última instancia, de los progenitores o quienes hicieran sus veces. En los siglos XIV y XV comprendía tanto la equitación y un primer manejo de las armas como una cierta disciplina en las costumbres, una educación básica moral y religiosa y el conocimiento de la lectura y la escritura . La supervisión de todos estos aspectos corría a cargo de un ayo, independientemente de que los llevara a cabo por sí mismo o encomendara a otros el realizarlos. De cualquier forma, garantizaba una atención personalizada, lo que hacía que se requiriera su labor incluso para aquellos discípulos introducidos en palacio desde su más tierna infancia. En ocasiones, la instrucción intelectual era proporcionada por un clérigo del territorio donde estaba asentada la familia del mozo noble .

El término de esta fase iniciática viene dado por la primera acción importante de armas. A menudo, este tránsito es realzado por la recepción de la caballería en una ceremonia solemne, de la que existen huellas documentales a partir de mediados del siglo XII. Pero hay que insistir en que no siempre constituía un signo de paso a otra etapa del ciclo vital. Aún cuando Las Partidas establecían que su destinatario debía haber cumplido, como mínimo, catorce años, algunos descendientes directos y colaterales del mismo Alfonso el Sabio recibieron esta distinción durante su niñez .

En cambio, la estancia en palacio de algunas doncellas fue bastante tardía y reducida, ya que se incorporaron allí en tomo a los quince años y casi con la única finalidad de prepararse para un matrimonio buscado por la reina, en cumplimiento del deber de casar adecuadamente a las hijas de sus vasallos y criados y que afectaba a toda pareja señorial. Sin embargo, algunas continuaron como camareras después de su cambio de estado.

En realidad, los único hitos cronológicos claros corresponden al aprendizaje de los mozos de capilla. Al igual que en las escuelas catedralicias equivalentes, dedicadas primordialmente al canto litúrgico de voces blancas, abarca desde los siete u ocho años hasta el cambio de voz de la pubertad.
[...]
LA EDUCACIÓN: UN DERECHO Y UN DEBER DEL CORTESANO
Isabel Beceiro Pita
CSIC,Madrid.
 
 

Los "Milagros" de Berceo eran recitados delante de la figura policromada de la Virgen María

 
Es posible que estas recitaciones tuvieran lugar en presencia de alguna imagen de la Virgen, lo cual tendría mucho más efecto en el ánimo de los oyentes, ya que para la mente medieval estar en presencia de la imagen de Santa María era equivalente a estar en presencia de la propia Virgen. El Segundo Concilio de Nicea (787) había dictaminado que honrar una imagen era como honrar a la persona representada.
Berceo refleja esta falta de distinción entre la Virgen y su imagen.... Tanto en el Milagro 4 (copla 116) como en el 6 (copla 145) el ladrón devoto y el clérigo se avergüenzan de la mirada de la imagen de la Virgen: "Avié muy grand vergüenza de la su catadura" (116d, 145c). En el Milagro 2, el sacristán fornicario "facié a la su statua el enclín cada día" (76d) y cuando éste muere y los diablos van arrastrando su alma pecadora, la Virgen se aparece a quitarles el alma diciéndoles que el sacristán había salido con su permiso (92c). En el Milagro 14 al relatar como el fuego no se atrevió a acercarse a la imagen dice que "el fuego tan fuert e tan quemant, / nin plegó a la duenna, nin plegó al ifant" (324ab). En el Milagro 16, es la imagen de la Virgen la que reparte la comunión: ". ..vio sobre'l altar una bella figura, / una fermosa duenna con genta creatura. / Vio que esta duenna que posada estava, / a grandes e a chicos ella los comulgava. .."
(357cd, 358ab). En el Milagro 21, la copla 515 dice específicamente que la imagen de la Virgen que la abadesa encinta tenía en su oratorio resultó su madrina. En el Milagro 23, la imagen de la Virgen con el Niño sirve de fiadora y da testimonio hablado. La fuente latina habla de una imagen de Cristo, pero Berceo especifica una imagen de Sancta María con su Fijo en brazos" .Cuando los ladrones del milagro de la iglesia robada echan mano del velo de la imagen de la Virgen, la Virgen se siente afrentada y se venga de ellos (718-9).
Recuérdese además que las imágenes que Berceo y sus oyentes tenían delante era policromadas, lo cual aumentaba la ilusión de realidad.
Cuando Berceo hace alusión o describe una imagen o "figura" de la Virgen, generalmente es una imagen románica. Manuel Trens describe el prototipo de las Vírgenes románicas como: "concentrada en su divina maternidad y venerada por sus devotos -un carácter más bien extático y glorificado, pasmo de ángeles y fieles, al mismo tiempo que terror de los malos" (5). Esta es la imagen cuya mirada fija y de frente avergonzaba al ladrón y al clérigo. La Virgen románica es de tipo sedente con corona que, a la vez que está entronizada, sirve de trono al Verbo Encarnado, por lo cual se le reconoce como sede de la sabiduría y "trono del rei Salomón" (37c).
Los epítetos aplicados a Nuestra Señora que derivan de esta imagen románica de la Virgen son: la Gloriosa, Reina de los cielos, Reina de Gloria, Reina coronada, que se repiten a lo largo de toda la obra. Las descripciones más detalladas de imágenes de la Virgen están en los Milagros 14, 16 y 24.

Estava la imagen en su trono posada,
so Fijo en sus brazos, cosa es costumnada,
los reis redor ella, sedié bien compannada,
como rica reína de Dios Santificada (319).

Tenié rica corona como rica reína,
de suso rica impla en logar de cortina,
era bien entallada e de lavor muy fina,
valié más essi pueblo qe la avié vezina (320).

Berceo parece estar describiendo una imagen muy conocida para él, puesto que la fuente no trae tantos pormenores, diciendo sólo que estaba tallada en madera y tenía un velo blanco. En el Milagro 16 también especifica que es una imagen de la Virgen con el Niño cuando la fuente .solamente habla de una imagen de la Virgen:

...vio sobre'l altar una bella figura,
una fermosa duenna con genta creatura (357cd).

"La duenna qe estava enna siella orada
con su fijo en brazos sobre'l altar posada..." (369bc)

No conocemos la fuente del Milagro 24 (La iglesia robada), pero aquí vuelve a describir una imagen de la Virgen con el Niño en brazos y con corona e impla de quita y pon de cierta riqueza a juzgar por la codicia de los .ladrones:

...de la Virgo gloriosa vidieron la figura
con su ninno en brazos, la su dulz creatura (715cá).

Tenié en la cabeza corona muy onrrada,
de suso una impla, blanca e muy delgada,
a diestro e siniestro la tenié bien colgada,
asmaron de tollérgela mas non ganaron nada (716).

Menosprecio de corte y alabanza de aldea

MENOSPRECIO DE CORTE Y ALABANZA DE ALDEA
Antonio de Guevara (c. 1481 - 3 de abril 1545)
...
Es previlegio de aldea que el que tuviere algunas viñas, goze muy a su contento dellas; lo qual paresce ser verdad en que toman muy gran recreación en verlas plantar, verlas binar, verlas descubrir, verlas cubrir, verlas cercar, verlas vardar, verlas regar, verlas estercolar, verlas podar, verlas sarmentar y sobre todo en verlas vendimiar. El que mora en el aldea toma también muy gran gusto en gozar la brasa de las cepas, en escalentarse a la llama de los manojos, en hazer una tinada dellos, en comer de las uvas tempranas, en hazer arrope para casa, en colgar uvas para el invierno, en echar orujo a las palomas, en hazer una aguapié para los moços, en guardar una tinaja aparte, en añejar alguna cuba de añejo, en presentar un cuero al amigo, en vender muy bien una cuba, en bever de su propia bodega, y sobre todo en no echar mano a la bolsa para embiar por vino a la taberna. Los que moran fuera del aldea no tienen manojos que guardar, ni cepas que quemar, ni uvas que colgar, ni vino que bever, ni aun arrope que gustar. Y si algo desto quieren tener, a peso de oro lo han de comprar.
[...]
(Valladolid, 1539)
 

lunes, 7 de octubre de 2013

¿Quevedo villano?

Quevedo, caballero de Santiago, se sintió reducido a la condición de villano al ver que le arrebataban al patrón máximo de España, para sacrificarlo al ideal de los carmelitas, según Quevedo, gentes débiles y afeminadas. " ¿ Cómo pretenderán los padres de la Reforma [los carmelitas descalzos] que Santiago os dé armas a vos [habla al rey], y que las volváis contra él; que de su altar toméis la espada, y que le quitéis vos la que él tiene en su mano, para dár
sela a Santa Teresa, a quien sus mismos hijos han hecho estampar con una rueca?" (443). Quevedo había derribado todos los valores, el mundo en torno se le aparecía como un tapiz vuelto del revés, pero seguía rindiendo culto al valor y al arrojo, últimos asideros para su alma claudicante,56 al borde de la nada absoluta. Puso un epitafio de sarcasmos sobre instituciones, personas y cosas, mas brincó como un tigre cuando hurgaron al fundamento de su nobleza castiza, de su última razón de existir. De ahí que sostuviese, con estadísticas absurdas de batallas y muertos, el prestigio del Apóstol, en una forma impensable en los siglos XII y XIII, cuando para leoneses y castellanos su creencia era como el aire que respiraban. Ahí siente uno con perfecta nitidez la situación del español del siglo XVII : ni podía superar su creencia mediante el análisis racional y la confianza en la útil eficacia de este último, ni podía permanecer dentro de ella con la seguridad de antes; más allá de sus fronteras comenzaba a triunfar el pensamiento crítico. De ahí el frenesí por "racionalizar" y hacer tangible la creencia, mediante la busca de reliquias y prodigios más abundantes que nunca en el siglo XVII; de ahí los estilos exasperados -Quevedo, Góngora, Gracián-, proyección y superación bellísimas de existencias ya flotantes sobre un vacío humano, sin serenidad, y sin ideas o "cosas" en donde reclinarse. Nada podía cambiar ya la condición española y los inmensos intereses creados por ella; era ya inútil que Cervantes prefiriera a San Pablo e ironizara a Santiago, y que el padre Mariana juzgara cuentos de vieja las galopadas de su caballo blanco, o las llagas de Cristo en -el escudo portugués. Todo ello era breve ademán sin consecuencias, porque se seguía creyendo a pies juntillas que la vida se decidía en el cielo, y que allá se encontraba una secretaría especial de asuntos hispanos: "Es buena hermana [Santa Teresa], que como tal quiere a España, y como agente de sus negocios en el cielo, pide los gajes librados en el honor de ser patrona" ( 437) .La Santa exigía que se le pagaran sus servicios con el honor de ser patrona de España, frase en que es notable la mezcla del lenguaje de los negocios -"librar gajes"- con -el de la fe irreductible a cálculo. Todo el asunto del copatronato se discutió como un pleito judicial: "Mirando esta pretensión conforme al estilo de pleitos, ya que lo es por nuestros pecados" ( 435) ."En tanto que ella no dejare de interceder, no puede el reino dejar de conservarla el nombre de patrona" ( 435). A lo cual replicaba Quevedo" que "Cristo quiso que el patronato fuese de su primo solamente" ( 435), en lo cual persiste un resto de la fe en el Apóstol a causa de su parentesco con Jesús, ahora primo y antes hermano. Frente a tal pretensión, los carmelitas esgrimían recios argumentos: el rey Felipe II hubiera permanecido en el purgatorio quién sabe cuánto tiempo, de no sacarlo de allí la Santa de Avila al octavo día, "porque no fuera largo desmán de la imaginación arremeterse a pensar que había de tener largo purgatorio" ( 438). Esto fue escrito treinta años después de morir Felipe II, por un carmelita de familia aristocrática, lo cual añade una voz más al coro de insatisfechos con la persona y la política del Rey Prudente ( ver pág. 320, n. 20) . Pero lo que ahora interesa es que se hablara de las intimidades del purgatorio con tan perfecta llaneza, como si hubiera comunicaciones postales entre la otra vida y el mundo visible. No es extraño que Baltasar Gracián leyera, desde el púlpito, una carta llegada de los mismos infiernos. Juzgaban además ciertos frailes, que Santa Teresa debiera ser preferida por su condición de mujer, porque Dios había de concederle cuanto pidiera, "o le costaría su vergüenza a Cristo el no hacerlo" ( 445 ) .

Cuando Santiago era norte auténtico de España, la sociedad visible y actuante era sobre todo masculina; en el siglo XVII la sociedad aparecía ya como una entidad total, y dentro de su ámbito, la mujer se hacía presente como tema activo de vida y de arte. Signo del carácter social que el amor había adquirido es el motivo literario de la galantería en la novela y en el teatro. Los conventos de monjas correspondían, "a lo divino", a los salones europeos, y santas o beatas (Santa Teresa, Sor María de Agreda, Sor Juana Inés de la Cruz) , fueron en España o en México como las madamas de Rambouillet o de Sévigné, puesto que era indistinto morar en el cielo o en la tierra: "Si santo o santa se conocen hoy que a lo hechicero hayan ganado corazones, es Santa Teresa" (436). No es pues sorprendente que Santa Teresa hubiera estado a punto de compartir oficialmente con Santiago la gerencia de los asuntos hispánicos en el más allá; Felipe IV, rey más de letras que de armas, se sumó a los partidarios de aquélla, y logró que el papa confirmara su copatronato. La mayoría de los españoles se rebeló contra tal disminución de prestigio para Santiago. El pontífice Paulo V, en 1618, a instancias de los carmelitas y del rey Felipe III, había declarado a Santa Teresa copatrona de España; pero la mayoría seguía afecta a Santiago, por ser más incitante el ardor bélico que la contemplación mística. Usando un lenguaje impropio diría que los salones favorecían a la Santa, y las masas, al Apóstol. En 1627 el papa Urbano VIII reformó el breve anterior, y dejó libertad al clero y al pueblo para aceptar o no el copatronato de la Santa,57 con lo cual éste apenas tuvo efectividad fuera de los conventos de carmelitas. Todavía las Cortes de Cádiz (1812) trataron del copatronato de ambos santos, y su decreto aún tenía fuerza legal durante el reinado de Isabel II, destronada en 1868. Como quiera que fuese, aún subsistían en la España oficial del siglo XIX, huellas de la estructura religiosa del Estado, de la religiosidad oriento-occidental de los españoles.

Santiago cesó de atraer la atención, y Santa Teresa no lo reemplazó como figura nacional; pero la pugna entre el ideal bélico encarnado en el Apóstol y el anhelo de ternura femenina vinieron a armonizarse en el culto a la Virgen del Pilar, en el que aparecen reminiscencias de la divinidad bélica del Hijo del Trueno.58 En 1808, la virgen zaragozana actuaba como "capitana de la tropa aragonesa " contra los invasores franceses, y en el siglo xx fueron concedidos a su imagen "honores de capitán general", en un tenue y tardío destello de cultos guerreros, cuyos antecedentes son ya familiares para el lector. En ellos se expresa el funcionamiento estructural de la vida española.


 

La invasión de la Península Ibérica por los musulmanes

 Tarif, en el año 710 pasó el estrecho de Gibraltar con 400 bereberes armados, y después de recorrer Andalucía y recoger un rico botín se volvió a Mauritania.
El 28 de abril del 711 unos siete mil berberiscos africanos, mandados por jefes árabes de Oriente, pasaron el estrecho y, dirigidos por Tarik, se atrincheraron en la montaña que hay junto al mar y que desde entonces se llama Gibraltar:
Gebel al Tar
ik = Montaña de Tarik.
El rey Rodrigo, según afirman los cronistas Ben Habbul, Ben al Atir y Al Nuwayri, estaba en esa fecha mandando una expedición guerrera. Ben Al Qutiya añade que esa campaña tenía por objeto someter a los vascones de Pamplona, que se habían sublevado, como lo hacían con frecuencia.
Cuando se presentó el ejército de don Rodrigo cerca del río Guadalete, donde le esperaban las fuerzas musulmanas, los familiares de Witiza se retiraron con los nobles de la antigua corte y algunos se pasaron a las filas del ejército árabe. El
ejército cristiano fue fácilmente derrotado. Pocos pudieron salvar su vida, huyendo hacia el norte, entre ellos el noble Pelayo. Del rey Rodrigo se desconoció su paradero y sólo han quedado leyendas.
Del 712 al 714 los generales Muza ben Nusayr, como jefe del ejército, y su liberto Tarik, continuaron avanzando hasta llegar a los Pirineos, una vez dueños del valle del Ebro. Solamente Pelayo, con un pequeño grupo, se refugió primero en el monte Cantabria, frente a Varea, y no pudiendo resistir la presión del ejército árabe, emprendió el camino hacia los montes asturianos, estableciendo su puesto de mando en una cueva, que desde entonces ocupa el primer puesto en la historia de España: Covadonga, situada en el monte Auseba, cerca de Cangas de Onís.
La Rioja comenzó a ser invadida por los musulmanes en el año 714. Entrando por Alfaro y siguiendo por la calzada romana que pasaba junto al río Ebro, ocuparon los valles hasta llegar a Briviesca, en la actual provincia de Burgos. Luego prosiguieron su avance por Astorga hasta llegar a Galicia. El general Muza ben Nusayr, que siguió esta ruta con un ejército de árabes, sirios y bereberes, al ocupar Galicia quemaron iglesias y rompieron campanas (Crónica Naft al Tib). Es de suponer que ese mismo ejército, al pasar por La Rioja, obraría del mismo modo.
No pudo La Rioja formar un foco de resistencia al invasor árabe porque las cabezas que habían de dirigirla marcharon a unirse con los que se habían dado cita en las montañas asturianas, como el riojano (entonces se llamaban cántabros) Pelayo (Angel Suils).
La mayor parte de la población riojana se refugió en las montañas cercanas. Los que habitaban La Rioja Alta y la Media se ocultaron en los montes Distercios, Obarenes y tierra de Oca. Según Navarrete y Manfredi, se pueden calcular en cien mil los que se refugiaron en los bosques de la llanura donde más tarde se había de fundar la ciudad de Vitoria. Los que vivían en La Rioja Baja huyeron a la sierra de Cameros y a las montañas de Navarra y Aragón.
Las tierras alavesas del norte no fueron dominadas por los agarenos.
Esta dispersión de los pobladores de La Rioja en distintos campos ocasionaron la formación de tres diferentes zonas geográficas que, en adelante, recibirían influencias culturales de distinto origen.
Fueron pocos los riojanos que se quedaron en sus tierras sometidos a las condiciones impuestas por los vencedores. La mayoría no eran aptos para ofrecer resistencia ni para iniciar la Reconquista. En general, La Rioja quedó deshabitada y algunas de sus comarcas eran «tierra de nadie».
Es de advertir que en la parte montañosa de La Rioja y en los Cameros apenas puso el pie la morisma, que sólo llegó hasta las fortificaciones que prepararon en puntos estratégicos de los valles como las de Castro Bilibio, Grañón, las del río Tirón, Nájera, Viguera, Arnedo, Cervera y algún otro.
A los que habitaban en partes montañosas se les permitió el uso de su religión y de sus bienes mediante el pago de un tributo.
Los desvelos y los triunfos del general Muza ben Nusayr sólo le sirvieron para crear envidias, con la consiguiente llamada al orden desde Damasco. Llegó a su destino en el mes de marzo del 715, cuando ya había fallecido el califa Al Walid. El nuevo califa Sulymán le acusó de haber retenido la parte del botín que correspondía al califa y lo condenó a muerte, pero un amigo de ambos, el gobernador de Egipto, logró el perdón mediante rescate de cuatro millones de dinares de oro. (De la crónica Imamat del pseudo Ben al Qutiya.)
La conquista de La Rioja y de Pamplona debió terminar en el 716, según algunos autores, aunque otros lo prolongan hasta el 718.

 

"Ya no me atrevo a hacer casi nada, pues siempre pienso que puede estar prohibido".

"Ya no me atrevo a hacer casi nada, pues siempre pienso que puede estar prohibido"


Sábado 20 de junio de 1942

"Después de 1940 terminaron los buenos tiempos. Primero vino la guerra, luego la rendición, enseguida la entrada de los alemanes a Holanda. Y así comenzó la miseria. Un decreto dictatorial siguió a otro y los judíos se vieron especialmente afectados. Tuvieron que llevar una estrella amarilla en su vestimenta, entregar sus bicicletas y ya no podían viajar en tranvía..., para no hablar de automóviles- Los judíos sólo podían hacer compras entre 3 y 5 de la tarde, y sólo en tiendas judías. No podían salir a la calle después de las ocho de la tarde y tampoco salir a sus balcones o jardines después de esa hora. Los judíos tenían vedados los teatros y los cines, así como cualquier otro lugar de entretenimiento público. No podían ya nadar en las albercas públicas o practicar el tenis o el hockey. Se les prohibieron todos los deportes. Los judíos tenían prohibido visitar a sus amigos cristianos. Los niños judíos deben acudir exclusivamente a escuelas judías. Así se amontonan las prohibiciones arbitrarias. Toda nuestra vida estaba sometida a este tipo de presiones. Jopie suele decirme: "Ya no me atrevo a hacer casi nada, pues siempre pienso que puede estar prohibido"".

ANA FRANK, El diario de Ana Frank




  Corroboro el interés por este tema, desarrollado ampliamente por dos profesores de secundaria y sus alumnos.

¿Por qué enseñar el Holocausto?
• El Holocausto pone en duda nuestros supuestos más básicos sobre la naturaleza humana, la sociedad moderna, la responsabilidad social y ciudadanía global. El estudio del Holocausto ayuda a los estudiantes en el desarrollo de una comprensión de las ramificaciones del prejuicio, el racismo y los estereotipos de una sociedad. Ayuda a los estudiantes a desarrollar una conciencia del valor del pluralismo, y fomenta la tolerancia de la diversidad en una sociedad multicultural.
• - "La enseñanza sobre el Holocausto: un recurso para educadores," (Estados Unidos Memorial Museum, Washington, DC, 2001).
• Nuestro sistema educativo ha llegado a este tema cuando en otros países (los Pertenecientes a la ITF a la cual también pertenecemos desde finales de 2008) y por parte de algunas instituciones ya llevaban un amplio trecho recorrido, por tanto ,no hace falta sino transitar por un camino ya desbrozado por la reflexión y la experiencia. Recomendamos en esta dirección las orientaciones educativas emanadas de Yod Vashem, Memorial de la Shoah de París y las del USHMM de Washington.

Para saber mucho más en
http://holocaustoyeducacion.es/
 
 

La circuncisión en las distintas religiones

Judaísmo: fieles a la tradición de los hebreos, la mayoría de los judíos continúan practicando la circuncisión al octavo día después del nacimiento del niño, excepto en caso de contraindicación médica. El padre es el responsable de preparar la ceremonia, que debe realizarse por la mañana temprano y es precedida por una vigilia consagrada a los rezos. La circuncisión se llama en hebreo milah, pero la expresión completa es brit milah...,11 cuya primera palabra significa 'alianza'. En efecto, esta circuncisión se practica para recordar el pacto establecido entre Yavé y Abraham, en el que éste sería hecho «padre de muchedumbre de gentes» (Génesis 17:4).12 La persona gentil que ha culminado su preparación con vistas a su ingreso en la familia judía, y que ha sido aprobada por un bet-din (especie de tribunal con tres rabinos) competente, debe realizar necesariamente además tres pasos ceremoniales (dos si es mujer): Circuncisión (sólo varones), Inmersión en pileta ritual, y Ofrenda en el Templo (este paso en la actualidad es omitido, pues al no existir Templo en Jerusalén, está vedada la ofrenda de sacrificios).

Cristianismo: El apóstol Pablo recomendó no forzar la circuncisión como parte de la salvación del hombre, en contra de los judeocristianos, que aún creían que era necesario para ser parte del pueblo de Dios. La circuncisión continuó practicándose entre las iglesias coptas de Egipto y Etiopía. Entre los cristianos, destaca de forma anecdótica que en Inglaterra, la reina Victoria creía que la familia real descendía del Rey David. Hizo circuncidar a sus hijos y nietos, manteniéndose la costumbre hasta finales del siglo XX, cuando la princesa Diana se opuso a la circuncisión de sus hijos.[cita requerida] Un país de mayoría católica, las Filipinas, presenta una tasa de circuncisión del 100%. Parece que esta práctica cultural se remonta a unos orígenes prehispánicos y que fue fortalecida por la colonización norteamericana (1898-1946).[cita requerida]

Islam: la circuncisión es practicada por la mayoría de los musulmanes, aunque su práctica procede de la tradición y no se menciona en el Corán. Es una tradición de origen bíblico, que ya se practicaba en tiempos preislámicos. Sólo una de las cuatro escuelas sunníes, la shafií, la considera preceptiva, pero para el resto de los musulmanes no es obligatoria. La edad a la que se debe practicar la circuncisión es objeto de debate y varía según los lugares. En algunos sitios, como Irán, tiene lugar a menudo en el mismo momento del nacimiento. Sin embargo, en otros lugares se puede esperar hasta los siete años, edad que muchos consideran como más adecuada. Lo más importante es que la operación sea realizada antes de la pubertad. La circuncisión de un niño se celebra con una fiesta familiar, en la cual el circunciso recibe regalos. Los adultos incircuncisos que se convierten al Islam no tienen, desde el punto de vista doctrinal, por qué hacerse practicar esta operación, aunque existe una arraigada creencia popular de que sí es necesario.

De caballero a caballero, del Cid a don Quijote. Más de cinco siglos con la espada ceñida....


 Antojósele en esto a uno de los arrieros que estaban en la venta ir a dar agua a su recua, y fue menester quitar las armas de Don Quijote, que estaban sobre la pila, el cual, viéndole llegar, en voz alta le dijo: ¡Oh tú, quienquiera que seas, atrevido caballero, que llegas a tocar las armas del más valeroso andante que jamás se ciñó espada, mira lo que haces, y no las toques, si no quieres dejar la vida en pago de tu atrevimiento! No se curó el arriero de estas razones (y fuera mejor que se curara, porque fuera curarse en salud); antes, trabando de las correas, las arrojó gran trecho de sí, lo cual visto por Don Quijote,alzó los ojos al cielo, y puesto el pensamiento (a lo que pareció) en su señora Dulcinea, dijo: acorredme, señora mía, en esta primera afrenta que a este vuestro avasallado pecho se le ofrece; no me desfallezca en este primero trance vuestro favor y amparo: y diciendo estas y otras semejantes razones, soltando la adarga, alzó la lanza a dos manos y dió con ella tan gran golpe al arriero en la cabeza, que le derribó en el suelo tan maltrecho, que, si secundara con otro, no tuviera necesidad de maestro que le curara. Hecho esto, recogió sus armas, y tornó a pasearse con el mismo reposo que primero.

Capítulo tercero
Donde se cuenta la graciosa manera que tuvo D. Quijote en armarse caballero.


 

El vino en Gonzalo de Berceo



La fuente empleada por Berceo, la Vita Beati Dominici de Grimaldo, refiere como el santo vio un río, un "flumen", en el cual confluían otros dos, uno blanco como cristal, el otro rojo como la sangre, con un puente en la confluencia. Es interesante notar que la abadía de Silos está situada en la ribera de un río, formado por otros dos que confluyen, corriente arriba del monasterio, cerca de un puente. Uno de los dos ríos viene de hacia Carazo..., llamado el Ura o Mataviejas, cuya madre está cubierta de rocas grisáceas y blanquecinas. El otro, el río del Santo, sale por una garganta estrecha en las rocas del valle donde nace. El suelo de este valle es muy arenoso, dando un color rojizo a la madre del río del Santo. O sea, que la visión del santo corresponde detalladamente a las inmediaciones del monasterio de Silos, un detalle de gran interés psicológico. Sin embargo, cuando Berceo viene a describir estos dos ríos en su versión de la visión del santo, dice en la copla 230:

blanco era el uno como piedras cristales,
el otro plus bermejo que vino de parrales.

Grimaldo había comparado el color del río rojo con la sangre, pero Berceo emplea como símil vino tinto "de parrales". Ahora bien, me parece que debemos leer "Parrales" con mayúscula. En los documentos de Silos que publicó Férotin (Recueil des Charles de Silos, París, 1897) encontramos "Parrale nostri monasterii" (núm. 107, año 1224) y "los Parrales de vuestro monasterio" (núm. 121, año 1234). En ambos casos Férotin imprime el nombre con mayúscula, porque hay en efecto un campo vecino al monasterio que se llama aún hoy día "los Parrales", aunque ya faltan por completo las parras.
Con lo cual podemos afirmar que Berceo había estado en Silos, y que el recuerdo vivo del monasterio de Silos y sus contornos le hacen cambiar la imagen empleada por Grimaldo en este "plus bermejo que vino de Parrales" más vivo, más íntimo y más encantador.

Las bestias en los "Milagros de Nuestra Señora" de Berceo



BESTIARIO MEDIEVAL
Como suele ocurrir en sueños y visiones, el carácter prodigioso del animal está remarcado por la blancura y la luz (SO, XLIX [46]). Además de ser símbolo de martirio -que en el caso de la monja enclaustrada significa su vida de penitencia, sacrificio y renuncia del mundo-, la paloma constituye una guía en la experiencia sobrenatural de santa Oria quien, atendiendo el consejo de Eulalia: "guarda esta palomba, todo lo ál olvida" (XL [37]), no pierde de vista el ave durante todo su recorrido por el mundo celestial.
Mientras que el bestiario onírico privilegia los animales con simbolismo positivo, asociados a lo divino, en las visiones pueden aparecer fieras salvajes y agresivas que representan el mundo del pecado. El monje borracho padece este tipo de visión en el milagro XX, monje a quien se le aparece el diablo metamorfoseado en diversos animales: toro, perro, león. La transfiguración del demonio en animales es motivo de los relatos hagiográficos que, frecuentemente, se refieren a la tentación del santo por parte del diablo. Pero, en este caso, ya desde la primera estrofa se expresa el propósito de provocar terror más que tentar al monje y se establece el antagonismo entre el diablo y la Virgen:

De otro miráculo vos querría contar,
que cuntió en un monge de ábito reglar;
quísolo el diablo durament espantar,
mas la Madre gloriosa sópogelo vedar (Mil., XX, 1)

La detallada pintura de los animales en los que se transforma el diablo revela la habilidad descriptiva y el poder de observación de Berceo, pues cada uno es captado y representado en actitudes características de su particular ferocidad: el toro aparece "cavando con los piedes, el cejo demudando,/ con fiera cornadura, sañoso e irado" (406), el perro "Vinié de mala guisa, los dientes regañados,/ el cejo muy turbio, los ojos remellados" (471) y el león "una bestia dubdada,/ que trayé tal fereza que non serié asmada" (473). María los enfrenta y vence también atendiendo a sus condiciones diversas: amansa al toro como un diestro torero (469), con seguridad espanta al can (473) e interpela y apalea al león (476-479). De esta manera, se manifiesta la protección de la Virgen hacia sus devotos y se resalta su poder frente al mal y las encarnaciones del demonio. Alan Deyermond ha propuesto, como posible origen de la historia del monje embriagado, el conocido Salmo 22 "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" en que el poeta expresa su angustia con imágenes efectistas en las que intervienen los tres animales mencionados. Observa que la intervención de María en el milagro permite reemplazar el temor y la desesperación del salmista por la tranquilidad y confianza en la Virgen. También encuentra que el tono trágico del salmo se atenúa en la versión pintoresca y hasta humorística del monje borracho por parte de Berceo, complementada con la solicitud maternal con que María cuida a su devoto en la segunda parte del relato. Esta diferente resolución de la crisis en los dos textos sirve para exaltar la figura de María 19.

A la búsqueda del espíritu del lugar del Camino de Santiago. Las leyendas, hechas de palabras, viajan con los hombres que las cuentan y que las saben.



 El Camino de Santiago fue y es un programa o proyecto catequético de perfeccionamiento espiritual y de salvación. Caminar, peregrinar no sólo es un elemento esencial en las formas de comportamiento de los hombres medievales, sino que, sin duda, en el origen tiene una clara base conceptual y religiosa. La carga de esfuerzo que ...tenía el viaje se interpretaba de manera inevitable como un sacrificio, una ofrenda que presentar en homenaje a Dios. Pero también, sin duda, el Camino de Santiago es la más extraordinaria manifestación de un plan estratégico de ordenación de un territorio basado en unos sentimientos, en unas creencias y en unos componentes culturales que buscaban unas señas de identidad: cristianos frente a musulmanes. Así pues, el Camino de Santiago, se constituyó en una idea religiosa y un proyecto político, y resultó un espacio físico y una empresa en la que se penaba, se comerciaba, se amaba y se vivía. El Camino de Santiago, sometido desde su origen a la voluntad de clérigos, obispos, papas y reyes, trasciende y sobrepasa su función de vía comunicación hasta llegar a ser una forma de organizar y desarrollar la vida. Todo él se llenó de vida, con lo que cada uno de los tramos de ese camino y la ruta en su integridad se convirtió en un continente de cultura y en un producto cultural. Por haber sido desde el principio un espacio lleno de vida y un espacio para vivir, a los valores naturales del territorio que atraviesa y a los valores tangibles materiales, fruto de la tan dilatada y concurrida presencia humana, en el Camino de Santiago hay que añadir los valores patrimoniales de carácter intangible asociados a la expresión de las creencias religiosas y de las formas de vida de los peregrinos. Así, el bien patrimonial Camino de Santiago, debe ser considerado como una especie de palimpsesto, en el que "se hacen carne" y se superponen unas sobre otras, sin llegar a anularse mutuamente, diferentes escrituras o textos de lenguajes distintos (lingüístico-literario, musical, plástico...), y diferentes bienes patrimoniales de tipología diversa (naturales y culturales). Es, pues, un bien patrimonial complejo que tiene un aspecto de "hojaldre", en el que cada lámina o "capa" de este hojaldre tiene su causa y su cuándo; cada "hoja" tiene su textura y cualidad, y en el que todas juntas encuentran sentido y confieren sentido al todo. En el Camino de Santiago se dan cita realizaciones de diferentes sistemas de comunicación o de diferentes lenguajes, que buscan su punto de encuentro en unos mismos tópicos o argumentos. Se conforman así lo que podemos denominar unos signos culturales que tienen un mismo significado o contenido y diversos significantes o expresiones. Estamos, pues, ante una especie de sinonimia entre signos -cuyos significantes son palabras, música, miniaturas o piedra tallada- que tienen como referente la misma realidad. Pero a diferencia de la sinonimia de los signos lingüísticos, que sólo es analizable entre signos que mantienen una relación "en ausencia" y que, por lo tanto, se excluyen unos a otros en la formulación concreta de un mensaje, la sinonimia de estos signos culturales del Camino, se hace evidente entre signos que están relacionados "en presencia", y cuya coexistencia en el mismo mensaje enfatiza y potencia el significado común.
Vamos a ver un ejemplo -la peripecia de un peregrino jacobeo-comentando los diferentes significantes o soportes de un signo cultural y los distintos y superpuestos significados o elementos intangibles o inmateriales: una historia (significado 1), una finalidad moralizante (significado 2) y un valor laudatorio (significado 3).


Las leyendas, hechas de palabras, viajan con los hombres que las cuentan y que las saben.

Desde los territorios europeos de más allá de los Pirineos, accedieron a la Península Ibérica relatos de milagros, con localización de lo más variada, leyendas populares y creaciones épicas y líricas. Todos estos cuentos eran recitados o, mejor, cantados: la oralidad como soporte. Y sobre este patrimonio cultural inmaterial debe arrojar mucha luz el conocimiento de la Historia de la Literatura y de la Musicología.
Nuestra referencia va a ser ahora la historia conocida como la "del peregrino a Santiago que fue engañado por el diablo". Es una narración que tiene una inequívoca relación con el Camino de Santiago sin cuya existencia no se hubiera elaborado, es de carácter intangible y fue contada y cantada en distintos momentos históricos, en diferentes lenguas y con diversas finalidades.

Un hombre sencillo y vulgar se pone en camino para visitar la tumba del Santo por el que sentía gran devoción. El día en que se ponía en camino hacia Compostela, en vez de hacer vigilia, se fue con malas compañías (femeninas). Empezó el camino sin arrepentirse y sin confesión, y, al rato, se le apareció el demonio disfrazado de Santiago. Éste le recrimina su acción y le pone en penitencia que se corte aquello con lo que pecó. El simple peregrino, dicho y hecho. ¡El pobre murió desangrado! La historia sigue y vemos que el verdadero Santiago se encuentra con los diablos que se llevan el alma del peregrino crédulo y disputa con ellos. Finalmente acuden todos al juicio de Santa María quien, al oír el engaño, sentencia volver a la vida al desdichado y mutilado caminante, para que cumpla penitencia por sus pecados.

Esta narración, escrita en latín con un fin propagandístico -pues se trataba de valorar y de difundir los poderes taumatúrgicos del apóstol Santiago-, aparece prosificada en el Codex Calixtinus (Moralejo, Torres, y Feo, 1992) atribuido a San Anselmo de Cantorbery. Aparece, también escrito en latín, en un códice del s. XII de la Catedral de Santo Domingo de la Calzada (España), y se copia asimismo en otro conocido repertorio medieval como La leyenda dorada de Jacobo de la Vorágine (Macías, 1987), donde el relator es Hugo, abad de Cluny.
Con fines laudatorios y catequéticos, la misma trama argumental atribuida otra vez a san Hugo, abad de Cluny ("Sant Ugo lo scripso, de Grunniego abbat") es la que plasma Gonzalo de Berceo en el número 8 de sus Milagros de Nuestra Señora (Gerli, 1988). El poeta riojano cuenta, en roman paladino -es decir, en castellano-, que Guiralt decide ir en romería a Santiago: "Un fraire de su casa, Guiralt era clamado, / ante que fuesse monge era non bien senado: /facié a las debeces follía e peccado, / como omne soltero que non es apremiado. / - / Víno l en corazón do se sedié un día / al apóstol de Espanna de ir en romería; / aguisó su facienda, buscó su compannía, / destajaron el término cómo fuessen su vía. / - / Quando a essir ovieron fizo una nemiga: / en logar de vigilia yogó con su amiga. / Non tomó penitencia como la ley prediga, /metióse al camino con su malahortiga." (estrofas: 183, 184 y 185)

Este milagro, este hecho maravilloso, da argumento nuevamente, ahora en gallego, a la cantiga n° 26 del rey Alfonso X el Sabio que tiene como protagonistas a Santa María y al romero jacobeo (Mettemann, 1981).

Vemos varias veces la misma historia del peregrino y contada en diferentes lenguas, pero en éste último caso la historia, además, es cantada -y miniada, como veremos más adelante-, puesto que los versos alfonsíes no tienen sólo una métrica, unas rimas y una retórica determinada, sino que se expresan mediante una melodía concreta y compuesta al efecto (Anglés, 1943; Pla, 2001). Aquí aparece, como una "capa" más del hojaldre, un nuevo aspecto en este complejo entramado de valores patrimoniales: la música. Mas no es una música con autonomía respecto a otro tipo de lenguaje -con ser una melodía muy bella- sino que forma parte intrínseca de la palabra hecha arte, es parte del significante de las palabras. Estamos, pues, ante la palabra cantada que va a constituirse en una especie de banda sonora que acompaña la contemplación del paisaje, natural y cultural del Camino, y los sentimientos devocionales de los peregrinos y romeros.
[...]
SEMIOTIC ASPECTS ON THE VALUATION AND INTERPRETATION OF THE CAMINO DE SANTIAGO
ANTONIO ALVAREZ TEJEDOR
Universidad de Burgos

La Virgen de la Leche en los "Milagros" de Berceo

 
Un tema popular en las representaciones góticas marianas fue la Virgen dando el pecho al Niño, usualmente llamada la Virgen de la Leche. Este tema había aparecido ya en el arte cristiano primitivo y el copto, pero no había sido popular en e...l románico. Según Trens en el período gótico "María. ..adopta un nuevo y más convicente recurso. Con la mano indica su pecho, que alimentó al Hijo de Dios y suyo, como razón suprema y definitiva para inspirar y exigir misericordia. Es al argumento máximo de que ella dispone" (8). Berceo tiene este tema en mente en algunas ocasiones, e.g.,

Amigos, si quisiéssedes un pocco esperar,
aun otro miraclo vos qerría contar,
qe por Sancta María dennó Dios demostrar,
de cuya lege quiso con su boca mamar (75).

Díssoli la Gloriosa: "Yo so sancta María
madre de Jesu Christo qe mamó leche mía..." (109ab).

La mención de la Virgen de la Leche no existe en la fuente en ninguno de los dos casos.
Aunque no sabemos exactamente qué representaciones de la virgen -ya escultóricas, ya pictóricas- Berceo conocía y tenía en la mente al componer los Milagros, se puede inferir con bastante seguridad que al menos una debía ser de estilo románico sedente, coronada, probablemente como la Virgen de Marzo, existente en Silos y que otra u otras debían ser de estilo gótico más humanizado y al menos una del tipo de la Virgen de la Leche, representando el ideal de dulce belleza femenina del siglo XIII. Nunca hay mención ni referencia a ilustraciones posibles de los manuscritos que contuvieran los relatos de los Milagros. En general hay pocos manuscritos de ciclos de milagros marianos que estén iluminados. Las Cantigas de Alfonso el Sabio son una notable excepción. Las alusiones y referencias son a imágenes pintadas o esculpidas de la Virgen con el Niño. Tanto el poeta como su público convivían con estas imágenes y se sentían ligados a ellas.
Como narrador hábil que era, Berceo embellecía sus relatos con analogías visuales y descripciones plásticas que por una parte aumentaban el mérito literario de la obra y, por otra, encarecían intencionadamente la devoción a las imágenes marianas existentes en el monasterio.

INFLUENCIA DE LAS ARTES VISUALES EN LA CARACTERIZACIÓN
DE LA VIRGEN EN LOS MILAGROS DE NUESTRA SEÑORA
Maite Chaves yTeresa Labarta de Chaves

La medicina en la Edad Media



Nuestra cultura occidental surgió de la fusión del mundo romano con el cristianismo y los pueblos germánicos. Pues bien, según Toynbee, el surgimiento de una cultura desde otra se realiza a través de una nueva rel...igión, más precisamente: una sociedad en desintegración suscita una religión más alta, una iglesia más vasta, y de ésta se alza la nueva cultura. Así lo fueron el cristianismo, el Islam, la religión hindú y el budismo.

La edad media puede considerarse, en general, la fase histórica en que se plasman cambios profundos de una civilización. Desde este punto de vista general, diversas naciones han tenido su edad media: Grecia tuvo una edad media alrededor del 1100 de la que surgieron las primeras ciudades estados; Roma la tuvo en siglo V a.C. y condujo al establecimiento de la República romana, y también en Egipto hubo un Imperio medio.

La Edad media de Occidente duró alrededor de un milenio a partir del siglo V d.C. Suele ser dividida en tres períodos: la Edad media temprana desde la caída del Imperio Romano, formalmente en el año 476, hasta la desmembración del Imperio carolingeo en el siglo IX; la alta Edad media, con el florecimiento del régimen feudal, hasta la crisis del orden medieval en el siglo XIII, y la baja Edad media hasta el siglo XIV en Italia y el XV en la mayor parte de Europa. En esta última se fortalecen las monarquías y la burguesía, prosperan las ciudades y las universidades.


EL ORDEN MEDIEVAL

Durante la mayor parte de la Edad media y desde su inicio, la clase culta era clerical, y su afán fue consolidar la Iglesia. Fue ella la depositaria de tradiciones romanas, entre éstas, desde luego, el latín y la visión de un orden universal; ella también acogió la nueva cultura germánica y coronó a los nuevos emperadores cristiano-germánicos. Al mismo tiempo dio amparo espiritual y material a las masas de indigentes aparecidas por la disolución del Imperio, las invasiones bárbaras, la pobreza producida por el abandono de los cultivos y el agotamiento de minas de oro y plata, por los estragos del paludismo y la peste. La civilización europea occidental, dicen algunos historiadores, había retrocedido un milenio. Solamente una entidad se alzó poderosa para regir espiritualmente a la naciente sociedad: la Iglesia católica

La figura que marcó el pensamiento de aquella época fue la de San Agustín, que vivió en los siglos V y VI. La nueva concepción se orientaba hacia el más allá con la mira puesta únicamente en la salvación eterna del alma. La vida religiosa reclamaba toda la atención del hombre. La vida de este mundo, la Ciudad terrena, era desdeñable y todos los ramos del saber estaban subordinados a los fines religiosos. Es una visión radicalmente diferente del mundo con respecto a la concepción griega. Este nuevo mundo cristiano se compone esencialmente de Dios y el hombre ligados espiritualmente. Pero en esa concepción no hay camino hacia Dios por la razón, el camino para conocer a Dios es que El, Deus ut revelans, se nos descubra. La razón humana no existe sola, es el reflejo de la iluminación venida de Dios. De ahí el lema de San Agustín: credo ut intellegam, creo para conocer. Es decir, conocer es aquí en su esencia fruto de creer, fruto de la revelación e iluminación divinas.

Puesto que, por una parte, los afanes de la clase culta, la clerical, estaban centrados en la vida del más allá, en la Ciudad de Dios, fue desatendido el conocimiento de la naturaleza, que se estancó. Y puesto que, por otra parte, el saber racional era fruto de la iluminación divina, los conocimientos de la naturaleza admitidos tras ser interpretados en el marco de la fe, pasaron a adquirir también el carácter de verdades inamovibles. Así surgió el orden medieval, un orden universal absoluto.

Pero en el siglo XI se produjo un primer cambio importante de esta visión: San Anselmo enuncia el principio fides quaerens intellectum, la fe que busca al intelecto. Es decir, ahora la fe necesita del intelecto; la razón, iluminada por Dios, reobra sobre la fe, la hace inteligible tal como hace inteligibles las percepciones sensoriales puras, por ejemplo, la percepción de colores, en sí un fenómeno irracional. Así, dentro de la fe empieza a actuar la razón humana, y la palabra de Dios comienza a integrarse con una ciencia humana: la teología escolástica.

En las postrimerías de la alta Edad media, en el siglo XIII, Santo Tomás vio en la razón humana una potencia independiente de la fe y, como todo lo humano, imperfecta. Pero siendo Dios también razón, razón perfecta, y siendo su obra también racional, El y el mundo son accesibles a la razón humana. Así, el hombre con su intelecto, aunque limitado, se vio fortalecido, y no sólo dio un gran desarrollo a la escolástica, sino que también vuelve a ocuparse de la filosofía y cosmología.

Hasta entonces el orden medieval era universal, había en él armonía entre fe y razón, entre Dios, el hombre y la naturaleza, siendo la razón un nexo armónico fundamental. Este orden universal hizo crisis, y el rasgo distintivo de ella fue el rechazo de la razón humana como instrumento de prueba de la existencia de Dios. Así, se afirmaba: nada de lo demostrado por la razón es revelado por Dios, y nada de lo revelado por Dios es demostrado por la razón. En el desarrollo de estas ideas habían influido Averroes y los nominalistas, particularmente Guillermo de Ockam.


EL MUNDO ARABE
El Imperio islámico nació, creció y desapareció abarcando casi todo el período de la Edad media de Occidente, a partir del siglo VII. Los territorios conquistados correspondieron a cuatro zonas culturales: la helenística, la siria, la persa sasánida y la del norte de la India. El período de casi un siglo, hasta mediados del VIII, del califato de Damasco fue una época de conquistas. Hasta el siglo XI, en que se conquista a la India, el Imperio islámico dominó el Mediterráneo, lo que bloqueó hasta entonces el desarrollo de las ciudades europeas. Durante el califato de Bagdad en los casi dos siglos siguientes a la dinastía Oméyade, se fortalece el islamismo y florece la cultura. En el siglo IX aparece en árabe el sistema decimal; la traducción latina por la que el Occidente conoció este avance gigantesco, es del siglo XII. El florecimiento cultural prosiguió en España hasta el siglo XI durante el califato de Córdoba.

La literatura griega llegó a los árabes por medio de sectas cristianas expulsadas del Imperio bizantino. La escuela más famosa de traductores fue la de los Nestorianos en Gondeshapur, una ciudad persa. En el siglo X estaban traducidas al árabe todas las obras importantes de la medicina griega en Damasco, El Cairo y Bagdad. De ahí en adelante se desarrolló un literatura médica propiamente árabe. En los siglos XI y XII se hicieron las primeras traducciones de obras médicas clásicas del árabe al latín. Fundamentalmente a través de los árabes el Occidente medieval conoció la literatura griega y en particular, la médica. La influencia árabe se ejerció principalmente a través de España, también a través del comercio del Meditarráneo especialmente de ciudades italianas y por el contacto entre Occidente y el mundo árabe en las cruzadas en los siglos XI al XIII.


LA MEDICINA MONASTICA

Hasta mediados de la alta Edad media la medicina se ejerció principalmente en los monasterios. El primero un fundarse fue el de los Benedictinos en el año 529, el Monasterio de Montecassino, destruido en 1944. En los siglos siguientes se fundaron otros en España, Francia, Alemania e Irlanda. Tras la gran peste que azotó a Europa en el siglo VI y la conquista de Italia por los lombardos, los monasterios concentraron aun más a la gente culta que buscaba refugio. Hacia el inicio de la alta Edad media cobraron importancia las escuelas catedralicias, como por ejemplo, la Escuela de Chartres.

Sin embargo, el ejercicio de la medicina por parte de los monjes estaba circunscrito a su misión caritativa. En el siglo IX la biblioteca del Monasterio de San Galeno tenía seis obras de medicina y mil de teología. Los textos médicos, escritos en latín, eran en su mayoría fragmentos simplificados o resúmenes de las grandes obras griegas y tenían un marcado carácter práctico. Ya no se sabía griego. Galeno, conocido a través de comentaristas, era la autoridad indiscutida. Así, de sus obras se dedujo la tesis del pus laudabilis según la cual el pus era un producto natural que favorecía la curación de las heridas. Esta tesis hizo más difícil los progresos en el tratamiento de las heridas.

En la Edad media se produjo claramente el divorcio entre medicina y cirugía. La separación se había insinuado en la medicina alejandrina. Después contribuyeron a ahondarla el hecho de que Galeno, llegado a Roma, abandora la práctica quirúrgica y dijera que la cirugía sólo era una forma de tratamiento. Así, el cirujano quedó subordinado al médico. Pero en la Edad media actuaron factores decisivos de separación y degradación de la cirugía. Para el Cristianismo de entonces el cuerpo del hombre era una vil prisión del alma. El organismo humano no merecía mayor estudio. La doctrina islámica, que se hizo sentir después, era similar en este aspecto: el cuerpo de los muertos era sucio e impío y había que abstenerse de tocarlo y mancharse con su sangre. Por otra parte, la medicina medieval tuvo un marcado carácter especulativo, la teoría médica constituía lo substantivo, la labor manual era desdeñada. Así, la práctica quirúrgica fue quedando en manos de los barberos. Por último, en 1163 se formuló el famoso edicto del Concilio de Tours: Ecclesia abhorret a sanguine, con el que oficialmente se prohibía la práctica quirúrgica a los clérigos. La prohibición fue promulgada por el papa Inocencio III y se hizo vigente en 1215. El edicto estaba basado en el derecho canónico: la culpa de la muerte de un hombre anula para siempre el ejercicio sacerdotal. Pero en ese mismo siglo los cirujanos barberos empezaron a subir de status en Francia y más todavía, en el Renacimiento.

A este empobrecimiento de la medicina el cristianismo de entonces reintrodujo un elemento religioso: la enfermedad era el castigo a pecadores o la posesión por el demonio o la consecuencia de una brujería. De ahí, la oración y la penitencia para alejar el mal. También los germanos reintrodujeron elementos mágicos, que se transmitieron a la medicina popular. La medicina monástica se extendió oficialmente hasta el Concilio de Clermont de 1130, en que se prohibió a los monjes ejercer la medicina porque perturbaba la vida sacerdotal. La medicina dejó de enseñarse en los monasterios también por influencia de los árabes.


LA MEDICINA ESCOLASTICA

La medicina en las escuelas catedralicias y su enseñanza estuvo a cargo del clero secular. Se trataba en lo fundamental de la doctrina hipocrática con un fuerte carácter especulativo y elementos religiosos. Las especulaciones en torno a la orina y pulso del paciente eran parte de esa medicina. Löbel, un historiador, dice al respecto:

El vaso de orina se convirtió en el signo distintivo del médico...La orina contenida en un vaso simbolizaba: en su capa superior, la cabeza; en la siguiente, el pecho; en la tercera, el vientre; en la cuarta, el aparato génito-urinario. Si cuando era sacudida, la espuma bajaba a la segunda región del líquido y sólo muy lentamente volvía arriba, significaba ello que los órganos del pecho eran el asiento de la enfermedad, pero si subía con rapidez era que la enfermedad se limitaba a la cabeza.

Tal vez el progreso más importante de la medicina medieval fue la construcción de hospitales, de mayor envergadura que los valetudinaria. Después de los construidos bajo el imperio de Constantino, comenzó en 1145 y bajo influencia árabe, una segunda ola de fundación de hospitales, el primero en Montpellier. En el curso de pocos siglos había una red de hospitales en toda Europa. Estos hospitales cristianos eran hospicios, es decir, estaban destinados a amparar peregrinos y pobres, enfermos o no, a darles hospitalidad. Carácter propiamente médico tuvieron los administrados por ciertas órdenes caballerescas, así la Orden de los Caballeros de San Juan con su hospital en Jerusalem. La transformación de hospicio a hospital se aceleró en el siglo XIII.

La mayor parte de la Edad media transcurrió entre dos pestes: la de Justiano en el siglo VI -al parecer también peste bubónica- y la Peste negra, que estalló en el siglo XIV. Pero precisamente en el lapso comprendido entre estas epidemias se extendió la lepra por Europa, y cuando había declinado apareció la sífilis.

Quevedo y los médicos

QUEVEDO Y LOS MÉDICOS

 quieres ser famoso médico, lo primero linda mula, sortijón de esmeralda en el pulgar, guantes doblados, ropilla larga...

En 1629, Quevedo escribe su tratado satírico Libro de todas las cosas, y en el capítulo «Para saber todas las ciencias y artes mecánicas y liberales en un día» tenemos un texto perfecto para enmarcar desde el principio este tema:

Si quieres ser famoso médico, lo primero linda mula, sortijón de esmeralda en el pulgar, guantes doblados,
ropilla larga y en verano sombrerazo de tafetán. Y teniendo esto, aunque no hayas visto libro, curas y eres doctor; y si andas a pie aunque seas Galeno, eres platicante. Oficio docto, que su ciencia consiste en la mula.
La ciencia es ésta: dos refranes para entrar en casa; el ¿qué tenemos? ordinario, venga el pulso, inclinar el oído, ¿ha tenido frío? Y si él dice que sí primero, decir luego: «Se echa de ver. ¿Duró mucho?» y aguardar que diga cuánto y luego decir: «Bien se conoce. Cene poquito escarolitas; una ayuda». Y si dice que no la puede recibir, decir: «Pues haga por recibilla». Recetar lamedores, jarabes y purgas para que tenga que vender el boticario y que padecer el enfermo. Sangrarle y echarle ventosas; y hecho esto una vez, si durare la enfermedad, tornarlo a hacer, hasta que, o acabes con el enfermo o con la enfermedad. Si vive y te pagan, di que llegó tu hora; y si muere di que llegó la suya. Pide orines, haz grandes meneos, míralos a lo claro, tuerce la boca. Y sobre todo advierte que traigas grande barba, porque no se usan médicos lampiños y no ganarás un cuarto si no pareces limpiadera. Y a Dios y a ventura, aunque uno esté malo de sabañones, mándale luego confesar y haz devoción la ignorancia. Y para acreditarte de que visitas casas de señores apéate a sus puertas y entra en los zaguanes y orina y tórnate a poner a caballo; el que te viere entrar y salir no sabe si entraste a orinar o no.
Por las calles ve siempre corriendo y a deshora, por que te juzguen por médico que te llaman para enfermedades de peligro. De noche haz a tus amigos que vengan de rato en rato a llamar a tu puerta en altas voces para que lo oiga la vecindad: «Al señor doctor que lo llama el Duque; que está mi señora la Condesa muriéndose; que le ha dado al señor Obispo un accidente» y con esto visitarás más casas que una demanda y tendrás horca y cuchillo sobre lo mejor del mundo.

(Quevedo, Libro de todas las cosas, en Obras completas, ed. Buendía, 1974, pp. 127-28.)
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Entre 1634 y 1636, escribe Quevedo su tratado Virtud militante contra las cuatro pestes del mundo, una obra impregnada de neoestoicismo en la que leemos:

Severamente fue docto Hipócrates, eruditamente fue docto Galeno; empero ninguno de los dos fue tan docto y erudito, como oscuras y contingentes las causas y principios de las dolencias. Muy excelentes médicos ha habido y hay en el mundo; empero todos curan con lo que saben, por lo que conjeturan de lo que ignoran y no ven; la parlería
más cierta de que se valen es el movimiento del pulso, la color y otras señales de la urina; mas estos son chismes de la naturaleza, no confesión. Juzgan con el uno la desigualdad o intercadencia, en la otra lo claro o lo turbio, lo encendido o lo benigno, lo seroso o lo delgado; empero necesita el físico la sospecha para rastrear las causas, que pueden ser infinitamente diferentes: por donde sin culpa de la ciencia se ocasionan los errores en las curas más judiciosas. […] Confieso que hay excepción de excelentes y fieles y doctos médicos y artífices; mas no presumo hallarla yo. No por esto los desprecio, si bien los excuso.

(Quevedo, Virtud militante contra las cuatro pestes del mundo y cuatro fantasmas de la vida, en Obras completas, ed. Buendía, 1974, p. 1455 y 1457.)
 

 

Entre caballeros andantes y juglares

 
Entre caballeros andantes y juglares
Mario Vargas Llosa


PIEDRA DE TOQUE. Martín de Riquer se movía por la Edad Media como por su casa y nadie que yo haya leído me ha hecho vivir tan de cerca y con tanta verdad lo que debió ser la vida en
Occidente hace mil años

Traté apenas en persona a Martín de Riquer —que acaba de morir, poco antes de cumplir cien años—, pero lo leí mucho, sobre todo en mi juventud, cuando, entusiasmado por la lectura del Tirant lo Blanc, me volví devoto de los libros de caballerías. Descubrí la gran novela catalana en la maravillosa edición que hizo de ella Riquer en 1947 y en 1971, cuando vivía en Barcelona, le propuse hacer una edición de las cartas y carteles de desafío de Joanot Martorell (El combate imaginario), lo que me permitió visitarle. Recuerdo con gratitud esas dos tardes en su casa repleta de libros, su amabilidad, su sabiduría, su prodigiosa memoria y la desenvoltura con que se movía por una Europa de caballeros andantes, ermitaños, trovadores, magos y cruzados, mientras acariciaba su eterna pipa y le brillaban los ojitos de alegría con aquello que contaba. En el otoño de su vida dijo a un periodista que “nunca había trabajado, que no había hecho otra cosa que disfrutar”. No era una pose: su inmensa obra de historiador, de filólogo y de crítico por la que desfilan media docena de literaturas —la catalana, la castellana, la provenzal, la francesa, la portuguesa y la italiana— rezuman amor y entusiasmo contagiosos.
La erudición no es siempre garantía de cultura; a veces es una máscara del vacío o de la mera vanidad. Pero en Martín de Riquer, la prodigiosa información que sustenta sus estudios manifiesta su pasión por el conocimiento, no es nunca gratuita, alarde pretencioso; por el contrario, enriquece con detalles y precisiones la gestación y el contexto histórico y social de los textos, su genealogía, sus influencias, lo que es tópico y lo que es invención, la trama profunda que acerca, por ejemplo, las fantasías eróticas de un trovero ambulante y las heladas discusiones teologales en los concilios papales. Se movía por la vasta Edad Media como por su casa y opinaba con la misma versación sobre las novelas de Chrétien de Troyes, La Chanson de Roland, las leyendas artúricas, el Amadís de Gaula, los juglares y el Poema del Cid, que sobre heráldica, las armas, las armaduras, la gastronomía, las reglas del combate singular en los torneos y las distancias siderales que había a menudo entre lo que se creía, se decía, se escribía y se hacía en esa sociedad medieval que él tanto amaba.

Había en Martín de Riquer algo de esos caballeros andantes que se lanzaban a los caminos en pos de aventuras, sobre los que escribió páginas tan hechiceras, aquellos que por ejemplo recorrieron media Europa para responder al desafío del bravucón leonés del Paso Honroso, o los —medio héroes, medio bandidos— que acompañaron a Roger de Flor a batirse en Grecia y liberar a Bulgaria de los turcos. Nadie que yo haya leído, ni siquiera el gran Huizinga de El otoño de la Edad Media, me ha hecho vivir tan de cerca y con tanta verdad como los ensayos de Martín de Riquer lo que debió ser la vida en Occidente hace ochocientos o mil años, esa sociedad donde la espiritualidad más refinada y la brutalidad más feroz se confundían y se pasaba del cielo al infierno o viceversa sin darse cuenta: de los salones cortesanos donde se inventaba el amor, a los helados monasterios donde se resucitaba a Platón y Aristóteles y se traducía a Homero, a los bosques plagados de forajidos, de santos, de peregrinos, de locos y leprosos, o a las plazas de las aldeas donde masas de analfabetos escuchaban, alucinados, las venturas y desventuras de las canciones de gestas. Para poder transmitir todo aquello con la elocuencia y el vigor con que lo hizo, Martín de Riquer debió al mismo tiempo vivirlo: dar y recibir los mandobles, ponerse y quitarse las pesadas armaduras, tocar la vihuela y componer endechas, enamorarse de doncellas imposibles como la princesa Carmesina, decapitar y ser decapitado innumerables veces.
Como un homenaje a su memoria, acabo de leer un pequeño librito suyo que no conocía, Cervantes en Barcelona (1989). Es una pura delicia. Comienza y termina con una pequeña descripción de la casa que lleva el número 2 del Paseo Colón de la Ciudad Condal en la que, según una persistente leyenda que Riquer conoció de niño de boca de su madre, habitó el autor de El Quijote en algún momento de su vida. El libro escudriña con lupa la vida de Cervantes y descarta o valida las diferentes tesis sobre su estancia en aquella ciudad, a la vez que describe con minucia todas las alusiones a Barcelona en las novelas cervantinas. Las páginas más seductoras son aquellas en las que contrasta el famoso bandolero catalán que aparece inmortalizado en El Quijote, Roque Guinart, con el personaje de carne y hueso que le sirvió de modelo. Esta comparación se enriquece con una animada descripción de las bandas de asaltantes que en el siglo XVII hacían de las suyas y volvían peligrosos los alrededores de Barcelona y todas las grandes ciudades españolas. Al final, queda probado que la única estancia posible de Cervantes en la ciudad fue en el verano de 1610 y que, si de veras llegó a habitar el tercer piso de la casa del Paseo Colón, tuvo desde ese balcón una vista inmejorable del Portal del Mar y la playa, el paisaje que describiría en Las dos doncellas, una de las novelas ejemplares.

El mejor crítico de Martorell fue al mismo tiempo uno de los más eminentes cervantistas; sus ediciones críticas del Tirant lo Blanc y del Quijote son un modelo de rigor y, al mismo tiempo, de una accesibilidad que pone ambas obras maestras al alcance de los lectores comunes y corrientes. También en esto Martín de Riquer fue un ejemplo de intelectual sin fronteras, un ciudadano del mundo, desprovisto de fanatismo y de complejos, que volcó su amor por la literatura, la historia, la lengua y la cultura sin otro interés que la búsqueda de la verdad, la exaltación de la belleza, la justa valoración de la obra de arte y de las ideas en función de valores universales y no de menudos intereses políticos de circunstancias. En los años setenta, cuando yo vivía en Barcelona, muchos no le habían perdonado que durante la Guerra Civil optara, espantado “por el asesinato de algunos amigos y por cierta afinidad con los ideales religiosos y de orden del otro lado”, según dijo, por los nacionales y combatiera en una formación requeté. Pero, para entonces, Riquer había abandonado aquellas ideas y optado por una línea democrática. De otro lado, en toda la vasta obra de él que ha llegado a mis manos, no recuerdo haber leído un solo texto de reivindicación del autoritarismo. Y, con motivo de los artículos necrológicos aparecidos en estos días, me ha alegrado saber que, en los violentos días que sucedieron a la Guerra Civil, se movilizó para salvar del fusilamiento a escritores y profesores republicanos.
Es interesante señalar que, al mismo tiempo que investigaba en archivos y bibliotecas preparando trabajos del más estricto nivel académico, Martín de Riquer no desdeñó escribir manuales o dirigir colecciones de clásicos dirigidos al gran público, como la historia universal de la literatura que emprendió con José María Valverde. Había detrás de estos empeños una convicción: la cultura no debía quedar confinada en los recintos universitarios y ser monopolio de clérigos; tenía que salir a la calle y llegar al mundo profano, como llegaban en tiempos remotos las hazañas caballerescas al gran público a través de los cómicos de la legua y los troveros ambulantes. El gran medievalista no era un hombre del pasado; vivía en el presente, y, cuando no estaba sumergido en polvorientos infolios, se distraía leyendo novelas policiales.
La muerte de Martín de Riquer me apena mucho porque personas tan valiosas deberían ser tan longevas como los patriarcas bíblicos; también porque, probablemente, él será uno de los últimos de su especie, quiero decir esa tradición de humanistas de cultura múltiple y de visión universal, a la que pertenecieron Menéndez Pelayo, Menéndez Pidal, Ortega y Gasset, Alfonso Reyes, Pedro Henríquez Ureña, Octavio Paz y un Jorge Luis Borges. Ya no los habrá porque el conocimiento futuro estará sobre todo almacenado en el éter y cualquiera podrá acceder a él apretando los botones indicados. La memoria, el esfuerzo intelectual, serán prescindibles; o, mejor dicho, patrimonio exclusivo de las pantallas y los ordenadores. Gracias a estos artefactos, todos sabremos todo, lo que equivale a decir: nadie sabrá ya nada.

 

Un gran reto para la Filología Española: Un estudio de un doctor en Filología Hispánica sostiene que "El Quijote" está inspirado en paisajes leoneses y zamoranos, no en la Mancha



Un nuevo libro sobre Miguel de Cervantes y su obra cumbre El Quijote, sostiene que el célebre escritor fue un judío converso de origen leonés, en cuyos paisajes están inspiradas las andanzas del hidalgo. Santiago Trancón, escritor y autor de este trabajo de investigación, argumenta incluso "que las referencias a la Mancha no son más que nominales, puro juego y recurso literario, pero en modo alguno referencias geográficas concretas". En su obra, que lleva por título Huellas Judías y Leonesas en El Quijote, Trancón utiliza dos tipos de argumentos para defender su tesis: las huellas familiares judías de Miguel de Cervantes y el conocimiento que tiene del paisaje, el entorno y las costumbres de la zona del Noroeste peninsular y que se encuentran diseminadas a lo largo de todo El Quijote.

 Saavedra y Quijana son de origen judío medieval

En cuanto a las huellas judías, asegura que los apellidos Cervantes, Saavedra y Quijana, son de origen judío medieval y gallego-leonés, mezclados con la mediana y baja nobleza. Además, los Quijana eran reconocidos judíos de Esquivias, en tanto que Cervantes se casó con una mujer emparentada con los Quijana y tuvo una hija con otra conversa, Ana de Rojas.

 Trancón argumenta también que Cervantes no pudo ascender en el Ejército (a pesar de su impecable hoja de servicios), ni tampoco ir a las Indias (lo solicitó en dos ocasiones), ni conseguir ningún cargo público (sólo logró ser recaudador de impuestos, profesión de judíos). Por ello, la única explicación posible es que su condición de judeoconverso se lo impidió, algo que él trató de ocultar a lo largo de su vida. Otro argumento a favor de su origen judío es que Cervantes parodia y se burla de la Inquisición, el culto a los santos, los milagros, los sacramentos y dogmas más conocidos de la Iglesia Católica, su jerarquía (del Papa a los encamisados), la veneración de imágenes y reliquias, etc. "Hasta parodia sutilmente el episodio de la coronación de Cristo (Sancho sufre una vejación parecida para resucitar a Altisidora: alfilerazos, bofetadas, la colocación de un manto rojo... Don Quijote le llama entonces "resucitador de muertos)", explica Trancón. En defensa de su tesis, Trancón también cita diversas referencias que ha encontrado como "alusiones al tzitzit de don Quijote, la brit milá, la Baraita, la expulsión de los judíos, la nostalgia de Sefarad, el elogio de la paz, la utopía de una "edad dorada" (una sociedad libre, tolerante y justa), los "duelos y quebrantos" de los sábados, su "nariz aguileña y algo corva". También se apoya en la disemia del término "mancha", el uso de "manchego" como sinónimo de "manchado" o "converso" (así aparece inequívocamente en La pícara Justina, publicada el mismo año que el Quijote), don Quijote es llamado "furibundo león manchado", "manchada" es la cabra rebelde, el "auto de fe" y la quema de libros-herejes, la crítica de los linajes y la pureza de sangre, las delaciones y los métodos inquisitoriales o los puercos considerados "animales inmundos".

Flora, fauna y costumbre leonesas
Pero además, Santiago Trancón ha ido rastreando a lo largo de El Quijote, parajes naturales, costumbres, flora y fauna, que en su opinión se corresponden más con comarcas del viejo Reino de León y no con las que Cervantes nombra en su obra.
Así, por ejemplo Trancón cita referencias a las aceñas del Duero en Zamora (transpuestas a Zaragoza y el Ebro); las Lagunas de la Lampreana o Villafáfila (transmutadas en las Lagunas de Ruidera); la Sierra Negra y de la Cabrera (trasladadas a Sierra Morena); el cerro amurallado de Benavente (bautizado como ínsula Barataria); los conde-duques de Benavente (los duques sin nombre); las riberas del Esla (escenario de las Bodas de Camacho); los Campos Góticos o Tierra de Campos (encubiertos bajo los campos de Montiel); Dulcinea era "una villana de Sayago"... Igual ocurre en su opinión con la vegetación, más propia de la zona Noroeste peninsular, que de la Mancha: robles, castaños, acebos, nogales, olmos, cipreses, hayas, tejos, laureles; la fauna (osos, lobos, jabalíes, truchas, lampreas, mastines, bueyes, jacas galicianas, machos...); la orografía (bosques, peñas, montañas, oteros, valles, cascadas, fuentes, arroyos, verdes prados...); los instrumentos musicales (flautas, tamborinos, panderos, sonajas, churumbelas, zampoñas, rabeles, cuernos, dulzainas, gaitas zamoranas...).
Oficios zamoranos

También ve una especificidad leonesa y zamorana en los oficios: "cabreros, trashumantes, segadores, molineros, perailes, arrieros, pañeros, peregrinos, el cultivo y fabricación del lino"... Igualmente cita los "carros chillones llevados por bueyes, la cecina, la calderada de pastores, los zuecos, las majadas, los apriscos, los batanes, el juego de birlar a los bolos, la lucha leonesa, tirar la barra, la danza de las espadas, la de cascabel". En este sentido explica que además del relato del capitán cautivo, "natural de las montañas de León", abundan los leonesismos. Todo ello completa en su opinión "un cuadro que no encaja en la Mancha, a la que Cervantes no conocía por no haber vivido nunca en ella". Las referencias (a veces encubiertas, pero evidentes) que hace de las montañas y la meseta de León (Sanabria, La Cabrera, La Maragatería, Sayago, la Tierra de Campos...) nos indica que necesariamente tuvo que conocer esta zona, seguramente porque en ella vivió de niño y de joven, antes de iniciar su aventura italiana".

 El origen alcalaíno de Cervantes, algo inventado
Santiago Trancón, que se sorprende de que huellas tan evidentes no hayan sido tenidas en cuenta, critica que "el cervantismo oficial, a partir del siglo XVIII en que se inventa el origen alcalaíno de Cervantes, se ha constituido en una especie de Iglesia, con sus intereses, dogmas y jerarquías, estableciendo verdades canónicas que han cohibido a los investigadores hasta hacerles ciegos a evidencias contundentes que aparecen, no ya en carcomidos documentos, sino a lo largo y ancho del texto cervantino". "Una iconografía simplista (molinos de viento, la desolada llanura manchega, dos figuras extravagantes cabalgando por caminos polvorientos...) ha determinado tanto la lectura e interpretación del Quijote que durante siglos ha sido imposible ver lo que salta a la vista: que las referencias a la Mancha no son más que nominales, puro juego y recurso literario, pero en modo alguno referencias geográficas concretas. Que sí aparece, en cambio, un paisaje físico y simbólico muy distinto: valles, bosques, prados de verde hierba, arroyos, ríos, riscos, montañas... Todo ello mucho más coherente con el entorno geográfico y social de las montañas y la meseta leonesa", asegura. Santiago Trancón, nacido en Valderas (León), es doctor en Filología Hispánica, premio extraordinario de tesis doctorales por la UNED en el 2006.